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luismerchan

hoy 25

Nieve, copos de nieve caen sobre la ciudad, como purificándola, envolviéndola en un manto de blancura limpia de todo pecado.

El realizador se sonríe; perfecto, se dice. En el plató las cámaras encendidas, los cámaras dispuestos para retransmitir al mundo entero el acontecimiento. Todo está preparado, todos los detalles han sido supervisados concienzudamente. De fondo un portal de Belén, con mula, buey, paja esterilizada. Los carpinteros han realizado un excelente trabajo.

A las cero horas nacerá de nuevo el niño, dos mil años después, justo dos mil años después.

No ha sido tal y como lo habían previsto los vaticinios, pero hoy nacerá el Señor, regresará a este mundo de vivos para devolvernos la esperanza, para liberarnos de nuestros pecados. No ha sido un milagro, la ciencia no cree en milagros. Una célula encontrada en la Sábana Santa, un código de ADN, un rastro a seguir, una reconstrucción.

Campaña publicitaria a gran escala, vídeos, concursos, juegos de ordenador, hasta un disco homenaje, cincuenta millones de copias vendidas, las páginas de Internet saturadas, el negocio más lucrativo de nuestra era.

Arena, dunas, ningún rastro de nieve, de agua. Sobre el desierto una mujer, embarazada, arquea la espalda por las sacudidas del parto inminente. A su alrededor nada más que arena, arriba como un gran foco iluminándolo todo un sol abrasador. Abajo sobre la arena, ocultándose del sol en la sombra de una duna, ella, sola, dispuesta a parir en el silencio del desierto.

En el plató todo está preparado, nervios. Los satélites dispuestos para transmitir la señal. La niña-virgen María fue seleccionada por un ordenador entre millones de niñas candidatas.

El equipo médico inicia los preparativos; enfermeras, anestesistas, doctores, nada puede fallar. La mini-cámara instalada en el bisturí del cirujano transmite perfectamente. Será un parto por cesárea, el parto tiene que transmitirse a las cero horas, el niño tiene que nacer a las cero horas, el negocio así lo exige.

El mundo entero estará pendiente del televisor. Nochebuena, la familia reunida en torno a la mesa, los ojos clavados en el televisor. Internet nos informa de todos los detalles, miles de páginas, allí está toda la información, segundo a segundo.

Los invitados en el plató están nerviosos, se sienten afortunados de estar allí, asistiendo en vivo y en directo al advenimiento del Señor.

Aquí llega la niña-virgen María, tiene puesto un gotero, sonríe, está feliz, todo el mundo pendiente de ella, es el centro del universo. No acaba de asumir del todo su papel en esta historia, para ella es como un juego.

Luego, dentro de un rato, cuando el realizador inicie la cuenta atrás, entonces la adormecerán ligeramente, la niña-virgen María no puede mostrar ningún sufrimiento en este feliz acontecimiento, el hecho más importante ocurrido en los últimos dos mil años. No se la puede dormir del todo, es la madre del Señor, tiene que recibir a su hijo con una sonrisa, ante la mirada atenta de miles de televidentes. Millones de vídeos dispuestos para grabar el momento.

En la duna, en medio del desierto. El sol va dejando paso a la luna, el cielo va cubriéndose con un manto de estrellas. El calor sofocante va transformándose en una brisa heladora, el frío se mete hasta los huesos. La madre se prepara, en cuclillas abre al máximo las piernas, se prepara para el dolor, el dolor milenario de la vida. Siente la llegada de su hijo, un hijo que lucha por salir de su vientre, un hijo que como primer abrigo tendrá la arena del desierto.

Todo el embarazo ha sido seguido minuto a minuto por millones de espectadores.

De una célula se fecundó un óvulo, de ese óvulo creció un feto. Se acerca la hora, hora de máxima audiencia, las marcas se pelean por unos segundos de publicidad. El regidor exige silencio, se va a realizar la conexión vía satélite con todo el planeta.

Hay un pequeño ser perdido en la inmensidad del desierto, casi inapreciable, ajena a todo lo que está ocurriendo, para ella no hay cámaras, solamente el ancestral dolor del parto.

Todo preparado, es el momento, el realizador asume toda la responsabilidad, los invitados guardan silencio, comienza la cuenta atrás. El bisturí corta con precisión, la mini-cámara ofrece un plano fantástico, el realizador mueve con maestría las cámaras que no pierden detalle. Ahí está, nace, sale a la vida emergiendo del cuerpo sangrante de la madre, el redentor vuelve al mundo para perdonarnos. Millones de flashes iluminan la noche.

En el desierto una madre agoniza, el niño viene del revés, esfuerzo inútil, una lágrima cae por su mejilla, silencio. El niño agoniza.

Millones de botellas de champán se descorchan, se ríe, se abraza. El Redentor está de nuevo entre nosotros, para liberarnos de nuestros pecados.

Bajo la luz de la luna, oculta en una duna, en medio del desierto, con una brisa gélida levantando remolinos de arena, una madre y su hijo dejan de sufrir.

 

hoy 1

No es tan tarde como se puede pensar, hay miedo, miedo a cerrar los ojos y dejarse llevar. La corriente, lo corriente. No hay indicios, nada nos asegura que podremos alcanzar un destino acorde con nuestros deseos. No confío en los flotadores, es mejor a prender a nadar. Fue hermoso, está tan cansada que no tiene fuerzas para discutir. Meter la cabeza en el agua y aguantar la respiración. Hacer como el avestruz. Comer donuts por lo de la mañana redonda. Encontrar las llaves. Abrir la ventana. Cerrar la ventana. Ella siempre ella, volver sin haber salido. Abre los labios, que las lenguas digan lo que callan los silencios. Ella es su refugio y guarida. Ella que guarda una esperanza, un latido, aquel que dejó de sonar, ese último latido, llamado erróneamente: esperanza. Sin pasión no hay dolor. Extiende las alas, no hace falta volar, para recobrarse, para asumirse. No es necesario hablar de uno mismo, hoy no me siento implicado en lo que escribo. Salen de su madriguera sensaciones que a otros atribuyo, con la pretensión de comprender todo, sabiendo que con toda probabilidad me estoy equivocando. Hoy me he levantado sin llaves para abrir o cerrar la puerta, las echaba de menos, ese es el romanticismo que me atribuyo, ser fiel a las cosas que están conmigo desde siempre. Hay amor en las esquinas de esta vida. Una imagen: Un tipo, para acabar el programa, le da una patada en la cara a la que soporta, supongo, sus palizas diarias, le da un puñetazo y la empuja al interior de la casa, las letras del programa son el fin, el fin ¿de qué? El verdadero drama comienza ahora.

rescate

 

Déjalo, me haces daño, es peor si intentas moverme, déjalo, no tiene importancia, ahora ya no la tiene. La realidad, la terrible realidad, lo inevitable es así: inevitable. Ya no tengo miedo, he dejado de temer a la muerte, tan cerca que puedo sentirla, sentir su aliento, su calor. No te preocupes por mí, preocúpate por ti, tú aún tienes una posibilidad, mi posibilidad se desvanece con cada copo de nieve que cae, dicen que es una muerte dulce, morir congelado, parece ser una muerte dulce.

Es nuestro trabajo, forma parte de él, salvar vidas en la montaña es nuestro trabajo,  hoy no hay nadie que nos salve a nosotros, perdona, que me salve a mí. No me quejo, este trabajo me ha hecho feliz. Tienes que intentarlo, déjame aquí, a mi suerte, eso sí que es un eufemismo, a mi suerte. Es lo que hay, sé que te resulta difícil de asumir, soy tu compañero, tu amigo. Es una decisión difícil de tomar, pero mejor morir uno que los dos... Diles que las quiero, que en este último momento, las tengo tan presentes, que puedo sentirlas aquí, junto a mi corazón. Mejor nada de sentimentalismos, se acerca mi hora, no podía imaginar cómo sería, ahora que sucede, no me parece tan terrible, tiene algo de narcótico, será el frio. Deja de intentarlo, vete y vive, diles que las quiero, si tú no se lo dices, podrán imaginarlo, pero nunca lo sabrán con certeza, sé mi última voz.

He dejado de sentir el cuerpo... Ahora no siento ningún dolor. Quiero que me incineren, sé que no es el momento más adecuado para hablar de ello, pero tengo muy claro que mañana no tendré a quien decírselo. Una cosa, importante, muy importante: sobre todo no te olvides de venir a buscarme, no me mires así, no me estoy volviendo loco, hay que desdramatizar estos últimos instantes, esbozar una ligera sonrisa, que la última imagen que tengas de mí, sea con una sonrisa en los labios. Ahora, vete, déjame, prefiero estar solo cuando se acerque el final, si me derrumbo, mejor solo. Que la última imagen que tengas de mi, sea ésta, entero, lúcido, sin fisuras.

Vivir y morir forman parte de este juego. Estas montañas han sido mi vida, aquí nací y aquí voy a morir, en medio de esta ventisca, de esta, mi última ventisca. Nací en este valle y en el dejo mi vida. Dejo esa hermosa y abandonada estación como última imagen de mis recuerdos. Conocí a Paula, mi mujer, en el tren, en el Canfranero, yo subía de Zaragoza a ver a los padres, ella a pasar unos días con unos amigos, desde el primer momento supe que era ella, que ella era mi vida, así ha sido en estos veinte años que llevamos juntos, así ha sido hasta el día de hoy, hasta este mi último día. Dile a madre que me perdone por dejarla sin su hijo, dile a mi hija que velo por ella, que allí donde esté, velaré por ella. Dile a Paula que tanto amor, que tanto amor...

Vete, por Dios vete, se acerca el fin...

Padre nuestro que estás en los cielos...

z, fin y principio

Alguien dijo que al amor hay que mimarlo y cuidarlo todos los días y a todas las horas, eso supone un esfuerzo ¿agotador?, hay días buenos, grises y negros. No todo son palabras, no todo son actos, hay que bajar a los infiernos para ser consciente de su existencia, hay que subir al cielo para certificar que se puede tocar. Hay cansancio, pesadez, la boca como seca y cierta dificultad, para discernir, en estos caso es mejor dejar pasar… tras la lluvia el sol, tras las nubes el sol. Caracol, col, col, saca tus cuernos al sol…
Pesan las palabras, pesan las distancias, pesa el deseo, pesa la vida. Hoy tan cansado que arrastro los pies.

y

  Se acerca, se aleja. Pequeños fracasos, la vida se llena de renuncias, una sustancia que de gris, se torna amarga. Amargo el sabor de lo que se deja a un lado, para poder continuar, no sólo es lastre, hay más cosas, más de uno de lo que se desea. Es tan pequeña la estancia, que los recuerdos se desbordan, no es fácil aclimatarse a este vivir, que es la vida. Los cuerpos desnudos me devuelven al principio, pero no se puede volver, no hay salida, no hay nada que reconocer, nada reconocible. La cuna nos deja en la cuneta, en el espacio que no conduce a ninguna parte, tal vez se siente como aparcamiento, desvarío y cansancio. Estos tiempos me agotan.

x

  Se avanza lento, con demasiada compañía, el disparo es certero, aún lanzado al azar, nadie en concreto, puede ser cualquiera, el objetivo es matar, la espesura de seres humanos, lo pone más fácil.

No hay helados, se han terminado esta mañana, a la sombra el calor se soporta. Tras los prismáticos unos ojos escrutan, calculan las posibilidades. Hoy puede ser, ¿quién lo quiere? No hay nadie que vierta lágrimas, es tan amargo el sabor de la sangre, de tu propia sangre, puede que al escaparse el alma, el sabor sea amargo, o puede que no. Así las cosas quién quiere un helado.

w

Al volver a casa, todas las noches, lo primero mirar la ventana del farmacéutico, si la luz estaba encendida: nada. Si estaba apagada podía imaginarse a la mujer del farmacéutico a cuatro patas y al farmacéutico penetrándola con violencia. Era de esas imágenes que no te puedes quitar de la cabeza, desde el 16 de julio, cuando por azar los vió en esa postura, no podía dejar de pensar en ello. Afortunadamente casi siempre la luz estaba encendida, cuando estaba apagada se apresuraba en llegar a casa, subir a su mujer al dormitorio, ponerla a cuatro patas y penetrarla con cierta violencia, su mujer era ella y el farmacéutico era él. Ella, su mujer, no podía imaginar el porqué de aquellas calenturas, pero desde el 16 de julio, de vez en cuando su marido venía, la cogía de la mano y la subía a la habitación. Cuando ya creía perdida toda pasión, cuando el amor parecía destinado a marchitarse, había resurgido con tanta pasión y por qué no pensarlo con tanto placer, que ella...

v

Se olvidaban de mirar al río, de espaldas a él. La noria enmudeció. Los más pequeños lo notaron primero, los mayores cuando no había remedio. Hubo de hacerse el equipaje y buscar otras tierras. Años después, uno de ellos regresó, encontró restos de la noria, un cauce seco, vestigios de alguien que vivió allí y recuerdos flotando en el aire. Siguió el curso del río, caminó dos días y una noche, en el anochecer del segundo día, encontró una gran muralla que había detenido el cauce del río, una muralla de piedras. Aquella muralla había secado su río y los había alejado de aquel lugar, de su hogar. Regresó una semana más tarde, colocó la dinamita en los lugares que él creyó convenientes y la explosionó. El agua fiera y desbocada acabó con la vida de muchos inocentes, si hay alguien que pueda ser considerado inocente, él no pensó en eso, pensó en dar vida nuevamente a su pueblo, no pensó en los pueblos que había siguiendo el curso del río, y que no habían abandonado sus hogares. Son cosas que pasan, la noria volvió a girar, no aquella vieja y desvencijada que el río arrastró, la nueva noria, la noria que devolvió a las gentes a su hogar.

u

  Cuando agoniza, si pisas fuerte el suelo y aprietas los dientes hasta que rechinen, le ayudas a morir. Desde la ventana veo al señor que todas mañanas da de comer a sus vacas. Desde mi ventana veo al señor que todos las tardes recoge las cagadas de las vacas. Desde mi ventana veo al señor que todas las noches vigila a sus vacas, no duerme, ellas duermen por él. Cuando agoniza las vacas, sus vacas guardan silencio, lo veo desde mi ventana, las vacas callan, esperan la comida que no llega. Pisé fuerte, apreté los dientes hasta rechinar, imaginé su sonrisa antes de partir. Desde mi ventana veo a una señora, la esposa de aquel señor, que todas las mañanas da de comer a sus vacas, que todas las tardes recoge sus mierdas. Por las noches no la veo, ella no vigila a las vacas, estas se vigilan solas. Ella duerme en su cama, caliente, con el señor que llevaba años, eso dicen, durmiendo con ella, mientras que el señor vigilaba a sus vacas y ellas dormían por él. Como ellas, las vacas no tiene por quién dormir, no duermen. Desde mi ventana, veo como agonizan las vacas, piso fuerte, aprieto los dientes hasta rechinar y las vacas se van con el señor que todas las mañanas les daba de comer, por las tardes recogía sus cacas y por las noches las vigilaba para que ellas durmiesen por él. Así las cosas la señora cogió su atillo y se fue, se fue. " A tomar por el culo las vacas y este maldito y yermo pueblo" desde mi ventana veo un prado languidecer.

aperitivo

Mi vecina, Almudena se lo hacía con mi padre, mi madre se lo hacía con el jardinero. A mi vecina le gustaba hacerlo frente a la ventana y con las cortinas abiertas. La ventana de Almudena daba a la ventana de mi habitación, ella procuraba hacérselo con mi padre cuando yo estaba en mi habitación. A mi madre no le gustaba que la viesen, pero procuraba compartir su placer con todo el vecindario, gracias a los ¿gemidos? de placer que le procuraba el jardinero. El jardinero cuidaba las rosas del jardín con una delicadeza exquisita. Mi padre tiene una fábrica, fabrica jarrones chinos de imitación. Mi madre podría eternizarse en un orgasmo, al contrario mi padre jamás dedica a ese menester más de dos minutos.

Mi vecina, Almudena se lo hacía con mi padre, pero miraba hacia mi ventana, desde la cual yo observaba, sabiendo ella que yo la observaba. Mi hermana se lo hacía con la criada. Almudena, la vecina, también se lo hacía con mi hermana, cuando mi hermana y Almudena se lo hacían, las cortinas estaban cerradas. Cuando, mi hermana, se lo hacía con la criada, me dejaba mirar. Mi hermana también se lo hacía con el jardinero, pero nadie en el barrio lo sabía. Mi hermana es muy silenciosa en eso del sexo.

Mi padre, los sábados por la noche se lo hacía con mi madre, mi padre aguantaba un minuto, mi madre permanecía callada, como si quisiese que todo el barrio ignorase que todos los sábados se lo hacía con mi padre.

Mi perro, Thor se beneficiaba a la perra de mi vecina Almudena, Agnes, que así es como se llama la perra.

Yo todo lo observaba y grababa en vídeo.

En mi colegio mis cintas estaban cotizadísimas. Mi hermana era la actriz principal, la más solicitada. La criada también se lo montaba con el jardinero, y los jueves con mi padre. Los jueves mi padre tenía trabajo extra: Los jueves se lo hacía con la criada y con Montse, la hija del jardinero. Mi padre aprovechaba los jueves para beneficiarse a Montse, porque Lucas, el jardinero, cuidaba otro jardín, el de mi vecina Almudena. Yo los jueves tenía trabajo extra, por un lado mi padre con la criada y con Montse, siempre por separado. Lucas con Almudena, cuando se lo montaba con Lucas las cortinas permanecían abiertas. Lucas aguantaba más que mi padre, además la tenía bastante más grande. Los jueves mi hermana procuraba hacérselo con la criada, nada más terminar mi padre con ella, con la criada. Montse, la hija del jardinero se calentaba mirando como se lo montaban mi hermana, Carla y la criada, Loli. Montse se calentaba viéndolas y en alguna ocasión participaba. Yo grababa toda la escena, y creo que ella se calentaba aun más sabiendo que yo lo estaba grabando todo, cuando estaba bien caliente se iba con mi padre. Almudena, mi vecina no dejaba que Lucas la montase hasta que yo entraba en mi habitación y colocaba la cámara en el trípode. Mi madre, Caqui, los jueves hacía sus labores sociales.

Mi prima, Carmen, se lo hacía con su novio, Carlos, y con nadie más.

Mi padre se calentaba con Loly, para hacérselo con Montse. Con Montse, mi padre, Jacinto, batía récords, hasta tres minutos de impetuosa penetración.

Todos los jueves, tanto en mi casa como en la de Almudena no se follaba de 17 a 19 horas, porque yo tenía que hacer los deberes.

Con mi hermana, Carla compartía el cincuenta por ciento de los beneficios que nos reportaban la venta de nuestros vídeos domésticos.

Los viernes yo me masturbaba, entre las 20 y las 21 horas me masturbaba. Almudena mi vecina me observaba, todos los viernes yo abría las cortinas y me masturbaba bajo la atenta mirada de Almudena, que me animaba con ciertos contoneos, de los que mejor no hablar.

Los viernes Almudena no follaba con nadie.

Los domingos mi padre no follaba con nadie.

Los lunes Loly, la criada guardaba fiesta.

Los martes mi hermana Carla, se lo montaba con cualquiera.

Los miércoles Lucas, el jardinero guardaba descanso.

Los jueves Montse, se lo hacía con mi padre y se calentaba mirando a Carla con Loly, Carla mi hermana y Loly la criada.

Los sábados Montse, me enseñaba pequeñas cosas relativas al sexo.

El marido de Almudena, es ciego y sordo, por lo que no se entera de nada. Los domingos por la mañana y solamente los domingos por la mañana, Almudena se lo hacía con su marido, Enrique. Resultaba de lo más festivo, mientras Enrique montaba a Almudena, en el salón, mi padre se sentaba en el sofá, mi hermana en el sillón, al lado de Montse, Loly limpiaba el salón mientras Enrique y Almudena se lo hacían, el jardinero de pie, detrás del sofá, o sea detrás de mi padre, observaba con extrema atención. Los domingos por la mañana mi madre iba a misa. Almudena abría las ventanas y yo desde mi dormitorio grababa toda la escena familiar. Al terminar el ciego y sordo, todos aplaudían mientras Almudena saludaba como las actrices de teatro.

Después se tomaban un Vermouth en el jardín y yo me tomaba una Coca-Cola. Enrique, el marido de mi vecina Almudena, se tomaba un Gin-tonic, mi padre un agua de Vichy, mi hermana un tequila que compartía con Montse, la hija del jardinero, Loly, la criada una Coca-Cola como yo y el jardinero no tomaba nada.

Así transcurría mi feliz y acaudalada infancia, hasta el fatídico día en el cual mi madre entró en casa con una chica nueva, Laura, que iba a ser la ayudante de Loly en las faenas del hogar.

Laura, la chica nueva era ligeramente coja, mi madre mantuvo como uno de los grandes enigmas de la humanidad la procedencia de Laura, aún hoy después de la tragedia.... Mi padre preguntó a mi madre, insistentemente, por la procedencia de Laura, sólo encontró silencio, mi madre selló sus labios entorno al asunto. Era más bien poca cosa, delgada hasta el extremo, carente de pecho, pelo corto y graso, culo inexistente. Alguien que podía encajar perfectamente en cualquiera de nuestras producciones. Ver follar a aquel ser desvalido, casi una niña pequeña, podía reportarnos pingües beneficios. La enorme polla del jardinero acercándose a su vagina era una fuente segura de ingresos, la lengua de mi hermanita jugando con aquel conejito haría las delicias de Walt Disney.

Carla organizó, minuciosamente, la caza y captura del angelical ser que había entrado furtivamente en nuestra casa. Mi padre preso de una fiebre desconocida en él, dejó todas sus ocupaciones, y centró todos sus esfuerzos en beneficiarse a Laura. Meses de asedio sin conseguir el más mínimo resultado. El jardinero más de lo mismo, Almudena no tenía quien la follase, a excepción del polvo dominical, que fue perdiendo espectadores, presos todos de la fiebre: O me lo hago con Laura o con nadie. Al perder espectadores, Almudena perdió las ganas de hacérselo con su maridito. Se acabaron los gemidos de mi madre, Loly se volvió autista, Montse se fue a estudiar a un internado en Benicarló. En mi casa se había terminado el sexo, me quedé sin grabar cinta alguna durante tres meses, tres meses de sequía, tres meses sin una imagen que poder vender. El jardín parecía una selva. Mi madre se centró exclusivamente en su labor evangelizadora, nos perseguía a todos por la casa Biblia en mano intentando llevarnos de retorno al buen camino. Laura había traído la ruina a nuestra casa, y de paso a la economía de mi hermana y la mía propia. Todos vivían con la esperanza de follarse el primero a Laura. Un nuevo día lleno de esperanza, esperanza de que Laura se dejase montar. Los días pasaban allí no se montaba nada.

Almudena se suicidó un buen día, se empaló. Su entierro fue espectacular, nadie supo explicarle a su esposo lo ocurrido, cómo explicárselo. Su entierro fue espectacular, pero no interesó demasiado en clase. Había perdido todo mi poder, fui perdiendo a todos mis amigos. Mi vida y la de los que me rodeaban se estaba desmoronando, menos la de mi madre que gracias al ayuno sexual impuesto con la llegada de Laura, había encontrado el camino de la fe. Laura seguía sonriendo con esa sonrisa angelical de quien no ha roto un plato en su vida, esa dulzura que todo lo iluminaba, esa dulzura que nos estaba volviendo locos a todos. El jardinero incapaz de seguir soportando las negativas de Laura se mutiló, se la cortó con la podadora y luego la metió en la minipimer para que no se la pudiesen reconstruir. Fue un buen momento, me devolvió cierto prestigio en el colegio. El suicidio de Almudena primero y la autocercenación del miembro del jardinero segundo, fueron como una revelación, Laura era un ángel o un diablo, fuese lo que fuese, no era bueno para la salud de los habitantes de nuestro hogar. Mi padre se metió de lleno en la producción en serie de un nuevo jarrón chino, que estaba siendo un éxito, era el modelo llamado Laura. En el se veía a una mujer, desnuda, siendo despedazada y violada por una jauría de perros. Loly, la criada hacía meses que no limpiaba, Carla, mi hermana, comenzó a ir al psicólogo. Yo grababa convulsivamente a Laura, la grababa meando, cagando, duchándose, haciendo las camas, cualquier cosa que Laura hiciese yo la recogía con mi vídeo. Me masturbaba delante de la televisión con la imagen de Laura, lo hacía con las cortinas echadas, en la más absoluta oscuridad. Montse volvió del internado y se hizo cargo del jardín.

Una mañana, al levantarme, desde la ventana de mi dormitorio, se podía distinguir en el jardín a Laura, desnuda, tenía roto al lado de su cabeza un jarrón chino de imitación, llamado, casualmente, como ella. Las tijeras de podar estaban clavadas en su corazón, el bote de tranquilizantes de mi hermana, o uno muy parecido, sobresalía del interior de su vagina, el rosario de mi madre, o uno muy parecido, estaba enrollado alrededor de su cuello, la escoba hubo que sacársela del esfínter y mi, una, cámara de vídeo se encontraba en el interior de su boca. Fue un suicidio de lo más curioso. Este aislado suicidio trajo nuevamente la paz a mi casa.

Nuestro vecino se casó nuevamente, su nueva mujer, Jacinta, pronto participó en nuestros juegos, volvieron las deliciosas mañanas dominicales. El jardinero se compró una prótesis con la que se defendía bastante bien.

El negocio recuperó su antiguo esplendor y nació un nuevo personaje: Yo.

Desde entonces:

Los lunes me lo hago con Jacinta.

Los martes con Montse.

Los miércoles con Loly. (Que recuperó el habla el mismo día de la muerte de Laura. La casa estaba como los chorros del oro.)

Los jueves me toca con Carla, mi hermana.

Los viernes con Montse y con Loly.

Los sábados con Jacinta, Carla y el cuerpo embalsamado de Laura.

Los domingos guardo fiesta (Observo desde mi habitación como mi vecino se lo hace con mi vecina, soy un nostálgico, es mi forma de recordar a Almudena.)

Mamá todo lo graba, es la nueva socia de nuestra productora, soy la envidia de los chicos de mi clase. Mi hermana ya no es la actriz más solicitada, esa inevitablemente es Laura.

t

¿Qué necesito yo? ¿Cuál mi necesidad? Es un día gris, no por falta de sol, que brilla en su cielo, que no es el mío, hoy al menos no lo es, el mío es gris, un gris plomizo que ahoga cualquier esbozo de sonrisa y me deja con las palabras justas. ¿Qué hay detrás del todo? No sé buscar en esas cajas de juguetes donde los niños lo guardan todo, no sé dibujar: ni siquiera al elefante del famoso cuento, contado por alguien que murió antes de tiempo, ¿Hay un tiempo justo para morir, como una meta? Los gases también son flatulencias, eso le quita romanticismo al tema. Hoy quiero un paraguas, una sandía y un espejo de colores. Hoy no quiero, todo aquello que no sea un paraguas, una sandía o un espejo de colores.

Una cabeza, no puede hablar...

En la cama los grillos guardan silencio. Un descubrimiento: Herta Müller. La regla es sucia y mancha. ¿Sabrías trazar una línea recta con tu regla? Tiré una piedra al aire, al caer me golpeó en la cabeza y se me abrió una brecha, cuando me asusté me lancé por el terraplén, mis rodillas sudaron sangre. Mi madre nos ponía la cabeza sobre un paño negro y nos pasaba el peine, esas púas, la fuerza nos hacía llorar, los piojos caían sobre el paño negro uña contra uña dejaban sobre el pañuelo mi sangre. A continuación las liendres...

s

Un cuento: Le pidió que se casase con él, miró hacia otra parte, hacia la montaña que enterraba sus sueños, le dijo que sí, pero que aquel no era el momento más indicado. que volviese más tarde, mejor mañana. Él levantó su rodilla del suelo, la besó, en la mejilla y se fue. No volvió a verla nunca. Sigue esperándola, como en la canción aquella del tatuaje. Ella vaga por los sucios parajes, por los aledaños próximos a la última parada. Se quita el semen de los labios, levanta la cabeza, cobra, coge el autobús, compra su dosis y se aleja de aquel pozo, al que, de momento, no está esclavizada. Hay días en los que piensa en él, fue lo mejor, lo mejor para todos. no le contó nunca lo del embarazo, lo de su hija, mejor así. Si no se sabe, no se hecha de menos.

Al menos, pensó, tengo a la niña, compré a mi propia hija...

Hay días en los que es mejor no levantarse, un pequeño reguero de sangre recorre su brazo. La levanta del suelo con violencia, el primer golpe le hace saltar un diente, no dice nada, guarda silencio, los golpes, como lluvia de verano, se precipitan sobre ella. Nos vamos de aquí, demasiados atardeceres, demasiados días. La vecina de enfrente se está colocando el sujetador, cuando su marido entra en la habitación, ella le dice algo, desde aquí no se puede oír, él sonríe, se acerca a ella, la levanta, la tumba sobre la cama, el resto no se ve, tiene que imaginarlo, un trozo de carne crece en su interior. Sale de la habitación, llama a la niña, cogen las maletas y se van para no volver jamás.

Después de la última paliza, se decidió, dos meses limpia, limpia en todos los sentidos. Baja del autobús, quiere probar suerte. Toca el timbre, varias veces toca el timbre. "Se fueron hace dos meses"Sabe ¿dónde? "No". Dos meses...

Se fue de aquellos recuerdos, los dejó atados a la pata de la cama.

Alquiló aquel mismo apartamento, trabaja en un Mercadona, espera, espera, espera... Hay luna llena y se refleja en el río.

r

 Cuento: Es fácil, aprieta el gatillo y maullará. Sólo salía de casa para hacer un trabajo, un solo trabajo al mes. Trabajaba solo, sin ayuda, lo normal era ir de a dos, pero una experiencia negativa en un trabajo, lo dejo claro para él: mejor solo que mal acompañado. Junto al mar, no le gusta trabajar junto al mar, le recuerda episodios de su vida que preferiría olvidar. Hoy va a trabajar, en realidad no le ha contratado nadie, es un servicio que prefiere, que quiere hacer, como una forma de liberación, no esta pensando en jubilarse, no es eso, es saldar una vieja cuenta, cerrar una herido que lleva demasiados años sangrando. Saca la pistola del bolsillo, quita el seguro y espera, esa calle no ha cambiado casi nada en los 30 años que han pasado desde que se fue de allí, espera. Son las dos de la madrugada, no ha movido una ceja desde que se aposto en aquel portal. A las cinco, como estaba previsto su victima se acerca a su casa, no le gustan los imprevistos, lleva allí desde las 23'00, por si acaso... Se juntan, se encuentran los dos cuerpos, dos sombras que surgen en la noche. "Buenas noches, papa" suenan tres disparos. Amanece, siempre le ha gustado ver amanecer desde aquel lugar. Después de un café bien cargado, coge el autobús y retorna a su hogar.

q

Seamos buenos por un momento, el momento de decir que lo que transciende perdura y dar clases de teatro más que alumnos me reporta amistades. Jugar a decir y no hacer, hacer y no decir. Me satisface ver que algo de lo que digo queda, me satisface poder hablar de cosas, con ellos, que no empiezan y acaban en un aula. hay más, mucho más. Las puyas, un juego... Lo importante saber, que tú, (todos) estas ahí y que yo estoy para ti (vosotros). Se alejan unos (Raúl, Martel, Isabel, Mapi, Pili...) otros vienen. Me hace feliz el conocerte (conoceros) y compartir muchas más cosas que la relación alumno profesor. Te (os) echo de menos cuando no estas. Un beso.

p

 Amable, una reverencia, una leve inclinación de los ojos, una palabra suave, casi una caricia. Se me consigue irritar con cierta facilidad, es cierto que bajo pronto mis enfados. He vuelto a conseguir el disco de Ana D, son pequeñas cosas que me reconcilian con el mundo circundante. Un reproductor de mp3 es una buena excusa para lanzar cuchillos sin maldad, evidentemente. Veo las vacaciones cerca y estos días ando cansado, (no es una excusa). he borrado de mi teléfono móvil, los teléfonos, así evito saber si me llaman o no me llaman. El tema es: Hay que parar, dejarlo todo y descansar con la familia, disfrutar con el estar juntos.

   

o

 Triste estampa, ser rey de la creación.

Todo es sustituible, la eternidad es efímera. He buscado en los confines lo que tenía delante de las narices. No hay que mezclar Churros con Merinas, dice el dicho, ni cagar donde comes. hoy ni es mejor, ni peor que mañana, siempre es la misma mierda, sazonada con momentos de intensa, felicidad. Para salvarse, primero hay que tirar la primera piedra. digo que hay un espacio intermedio, sin grandes elucubraciones, y cargado de electricidad estática. Salta la chispa y se apaga el fuego. Ya me lo dijo mi madre, que tú no me convenías. Es amarga la bilis, amargo el camino, sólo al salir se es consciente de lo que se ha perdido.

El dolor infringido o recibido no ha de ser gratuito, hay que pagar un precio por ello.

Reza el cartel: No molestar.

 

ñ

 

Tú también, también lo sabes, todos lo saben, todos lo ignoran. He pensado en ello, en ese instante de la separación, no esa tan de moda en estos días, en la separación momentánea, en la de yo me voy allí y tú allá. Cómo dibujar el circulo perfecto, para qué buscar o encontrar la perfección. Todo lo que quiero se mueve entre cuatro paredes. Mirar y ver tiene su merito. Prefiero lo intuido, lo que apenas se vislumbra, imaginar cosas es la base de mi conocimiento, si es que algo conozco. Hoy veo un mundo mas hermoso, terrible como siempre, pero algo más hermoso. Si pudiese pintarte lo haría frente al mar. Caen las gotas y una madre, dice: Lo repetiría todo, toda mi vida, todos los sufrimientos, para ver los hijos que tengo. Para saber que los volvería a sentir, a amar. Toito te lo consiento menos faltarle a mi mare de mi alma...

Es tarde.

Pd: Pilar me prestas más atención de la que merezco. gracias. Pronto me libero y quedamos para hablar del año que viene. Un beso.

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  Nubosidad variable, lo de hablar es como lo de intentar atrapar las nubes. ¿Qué se esconde tras lo que se ve? Me quedo con las primeras impresiones, hablo de pintura. Me gusta John Berger, hablo de literatura, me gusta Robert Mapplethorpe, hablo de fotografía. En gustos no hay donde quedarse. Se lo que me gusta, algunos pueden cuestionar mis gustos, no es mi problema.

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Un cuento: Se dejaba caer todos los días desde la ventana de su piso, situado en el decimoquinto piso de aquella vetusta casa construida en mil novecientos sesenta y dos. Se estrellaba contra el suelo, se incorporaba, escupía un poco de sangre, Rh negativo y se iba a trabajar, así de lunes a viernes, los sábados quedaba con su novia y bajaba en el ascensor, a ella no le gustaban los besos con sabor a sangre. Los domingos se quedaba en casa y descansaba. Este era el discurrir de su vida, de su monótona vida, al menos así lo creía él. El martes 30 de junio del año dos mil diez, el día antes de sus vacaciones, se dejó caer por la ventana, como todos los días, como todos los días desde hacía quince años, se dejó caer y al llegar al suelo, mejor dicho unos metros antes de llegar al suelo, hizo algo que nunca había hecho, mirar al suelo al que se acercaba, sintió pánico, cerró los ojos y se estrelló contra la acera, aquel día no fue a trabajar, nunca más fue a trabajar.

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Remiendo, salida posible, a la izquierda. Un algo que está tan lleno de vacío que no necesita disimularlo. Retorno al sótano, a descubrir a descubrirse. Poco ha durado la sotana colgada de la percha, mi inquieto culo es así. Ahora, hoy, en este momento, disfruto de un instante de silencio. El cielo a veces, puede tocarse, o sentirse. Mirarse en un espejo, no significa verse, demasiadas mascaras, demasiados escondrijos en este laberinto llamado vida.